Aprendizajes de un semestre en el que Grupo Pistacho transformó su nueva etapa en proyectos concretos, metodología y valor real para las marcas.
Por Macarena Lara, CEO & Founder de Grupo Pistacho
Cuando lanzamos la nueva etapa de Grupo Pistacho, sabíamos que no bastaba con cambiar una imagen, actualizar un relato o presentarnos como un Estudio de Producción Creativa.
Teníamos que demostrarlo.
Demostrar que estábamos dispuestos a asumir un nuevo desafío. Que después de 17 años de trayectoria teníamos mucho más que aportar. Que éramos capaces de leer cómo estaba cambiando el mercado y entender qué estaban necesitando las marcas en este nuevo contexto.
También sentíamos que había llegado el momento de ponernos los pantalones largos como organización y preguntarnos, con toda la experiencia acumulada, qué más podíamos entregar a nuestros clientes más allá de la producción de eventos.
El primer semestre de 2026 fue, en muchos sentidos, una respuesta concreta a esa pregunta.
Trabajamos junto a marcas, industrias y comunidades muy distintas entre sí. Acompañamos experiencias de alto impacto, proyectos feriales, lanzamientos, activaciones, inauguraciones, encuentros corporativos y espacios de conversación. Cada uno con su propio objetivo, contexto y desafío.
Y si algo se hizo evidente en este camino, es que la experiencia no se trata solo de producir algo bien. Se trata de entender qué necesita mover una marca, qué conversación quiere abrir, qué vínculo busca fortalecer y qué declaración quiere hacer frente a sus audiencias.
Pistacho WOW: una metodología que ordena, escucha y transforma
Una de las cosas más importantes que confirmó este semestre es que nuestra metodología funciona.
En Grupo Pistacho tenemos una forma propia de abordar los proyectos: Pistacho WOW (Way of Working), nuestro modelo de trabajo diseñado para ordenar el proceso, profundizar en las necesidades del cliente y transformar una solicitud inicial en una experiencia coherente, estratégica y ejecutable.
Nuestra estructura liviana y boutique nos permite ser eficientes, flexibles y cercanos, pero al mismo tiempo sostener un nivel de acompañamiento muy valorado por los clientes.
Siempre digo que existe una especie de “psicología de los eventos” detrás de lo que hacemos. Antes de pensar en proveedores, montajes, ambientación o cronogramas, escuchamos.
A través de una escucha activa, buscamos entender qué hay realmente detrás de cada requerimiento. Porque muchas veces lo que el cliente solicita en un comienzo no es exactamente lo que necesita.
Puede llegar pidiendo un evento, pero en realidad necesita fidelizar. Puede pedir un stand, pero lo que busca es reposicionar una marca. Puede pedir una inauguración, pero lo que necesita es comunicar expansión, cercanía y pertenencia territorial.
Esa capacidad de escuchar, interpretar y profundizar nos permite construir propuestas más precisas, más eficientes y alineadas con los resultados que cada organización busca obtener.
No hubo un solo proyecto que definiera esta etapa




Me cuesta escoger un proyecto en particular para representar este primer semestre, porque cada uno tuvo un desafío distinto. Por ejemplo:
- Adidas nos permitió vivir una experiencia donde una marca global se encontró con un espacio patrimonial y con la cultura urbana desde una puesta en escena memorable.
- Maxxa fue un proyecto ferial que nos desafió a traducir un rebranding en una experiencia concreta, visible y coherente dentro de un entorno altamente competitivo.
- Abastible nos recordó el valor de acercar una marca a sus comunidades y fortalecer vínculos con quienes forman parte de su red.
- Revista Nosotras fue una experiencia donde el liderazgo femenino, la conversación y la comunidad se encontraron en un mismo espacio.
- BD nos invitó a acompañar una innovación en salud desde una experiencia pensada para informar, generar conversación y reunir a stakeholders clave.
- Fastpack nos mostró que una inauguración puede ser mucho más que un corte de cinta: puede conectar marca, territorio, identidad local y nuevas oportunidades para una zona.
- Dockers nos permitió trabajar desde el retail, transformando una fecha comercial en una experiencia cercana para fidelizar clientes en el punto de venta.
Cada proyecto confirmó algo distinto. Y esa es una de las grandes riquezas de Grupo Pistacho: trabajamos con industrias muy diversas y eso nos obliga a aprender permanentemente.
Esa mirada multisectorial nos permite incorporar buenas prácticas, cruzar aprendizajes y transferir conocimiento de una industria a otra. Lo que aprendemos en salud puede enriquecer una experiencia de marca. Lo que vivimos en retail puede aportar a una activación corporativa. Lo que desarrollamos en un proyecto ferial puede inspirar un lanzamiento.
Esa transversalidad es parte de nuestro valor.



Las marcas están buscando relaciones más humanas
Este semestre también confirmé algo que veníamos observando hace tiempo: las marcas necesitan conectar de una manera más humana.
Los equipos de marketing, comunicaciones y cultura interna están sometidos a diversas exigencias, poco tiempo y múltiples estímulos. Suelen tener objetivos claros, pero necesitan ayuda para traducirlos en una experiencia concreta.
Además, hoy muchas decisiones pasan por procesos de compra donde no siempre existe la posibilidad de presentar, defender o conversar una propuesta directamente con quienes impulsan el proyecto. Y cuando no existe ese espacio de diálogo, se pueden perder oportunidades para ambas partes.
Por eso la escucha activa es tan importante.
Una buena experiencia se diseña desde la comprensión profunda del objetivo, no desde la urgencia ni la ejecución automática.
Las personas quieren sentirse escuchadas por las marcas. Incluso en industrias más técnicas o centradas históricamente en el producto, hoy la relación se está moviendo hacia un plano más relacional que transaccional.
Las marcas que logran construir relaciones más profundas generan confianza. Y esa confianza se traduce en vínculos más honestos, auténticos y duraderos.
Lo que no se ve también importa.
Detrás de una buena experiencia hay una enorme meticulosidad.
Hay planificación, coordinación, revisión constante y mucha capacidad de anticipación. Todo se conversa, se revisa, se acuerda y se vuelve a revisar antes de que ocurra.
Cuando el día del evento todo fluye de forma natural, es porque antes hubo un trabajo muy riguroso para que eso pasara.
Eso es algo que muchas veces no se ve, pero que marca toda la diferencia.
Producir una experiencia exige empatía con la contraparte, comprensión del contexto y compromiso absoluto con los objetivos del proyecto. Cuando una organización nos abre sus puertas, sentimos que nos permite integrarnos a su equipo y ser parte de un objetivo común.
Por eso cada proyecto lo vivimos con responsabilidad y sentido de pertenencia.
Somos directores de orquesta
Siempre he dicho que en Grupo Pistacho somos directores de orquesta.
Nuestra labor consiste en articular distintos actores para que todos puedan trabajar alineados detrás de un mismo objetivo.
Proveedores, especialistas, creativos, productores, técnicos, clientes, equipos internos y colaboradores forman parte de un ecosistema que debe funcionar con una misma lógica.
La confianza que hemos construido durante años con nuestra red de partners nos permite transmitir una metodología, un estándar y una forma de entender los proyectos. Eso hace que no trabajemos desde una lógica tradicional de cliente-proveedor, sino desde una lógica de ecosistema.
Nuestros partners forman parte real del equipo.
Esa manera de trabajar también nos permite mantener una estructura liviana y flexible, algo especialmente valioso en un año desafiante para muchas industrias, pero lleno de oportunidades para quienes son capaces de adaptarse.
Nada de lo que logramos este semestre habría sido posible sin el compromiso, la experiencia y la confianza de nuestro equipo, nuestros partners y toda la red de colaboradores que forma parte de Grupo Pistacho.
Lo que viene: experiencias con propósito y objetivos claros
Si una marca está planificando un lanzamiento, una activación, un proyecto ferial, un evento interno o una experiencia corporativa para el segundo semestre, mi primera recomendación sería partir por una pregunta simple:
¿Qué queremos lograr realmente?
Antes de pensar en el formato, el lugar o la puesta en escena, es importante tener claridad sobre el objetivo y el retorno esperado de la inversión.
🔸¿Qué queremos que los invitados recuerden de esta experiencia?
🔸¿Qué desafíos buscamos resolver?
🔸¿Qué conversación queremos abrir?
🔸¿Qué declaración queremos hacer como organización?
🔸¿Qué vínculo queremos fortalecer?
En eventos internos, por ejemplo, no se trata solo de sumar una actividad al calendario. Se trata de construir desde los pilares y la cultura de la organización.
Cuando existe un propósito claro, la experiencia adquiere otro significado.
Y creo que uno de los principales aportes que podemos hacer como equipo es precisamente ayudar a nuestros clientes a encontrar esa claridad, alinear expectativas y construir un propósito común que le dé sentido a todo lo que viene después.
Este primer semestre nos dejó aprendizajes, evidencia y una certeza: las experiencias bien diseñadas pueden ayudar a las marcas a lanzar, fidelizar, expandirse, conectar equipos, abrir conversaciones y construir confianza.
Ese es el valor de la experiencia.
Y ese es el camino que queremos seguir profundizando.
¿Tienes un proyecto para fin de año? conectemos y te ayudamos a darle sentido.
